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Un nuevo descubrimiento sobre la evolución del ADN abre una vía para desarrollar fármacos antitumorales, antibacterianos y víricos

By 3 abril 2007noviembre 16th, 2020No Comments
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 03.04.2007

Un nuevo descubrimiento sobre la evolución del ADN abre una vía para desarrollar fármacos antitumorales, antibacterianos y víricos

Un equipo internacional de investigadores liderado por Eduard Torrents del (IBEC), ubicado en el Parc Científic de Barcelona, y Britt-Marie Sjöberg del Departamento de Biologia Molecular y Genómica Funcional de la Universidad de Estocolmo, en colaboración con científicos de la Universidad de Western Ontario de Canadà, ha descubierto cómo la síntesis de algunas moléculas precursoras del ADN podría haberse desarrollado a lo largo de la evolución. El trabajo, que se ha publicado en la edición electrónica de la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se basa en el estudio de la enzima responsable de la síntesis de estas moléculas en un virus bacteriano.

Los precursores del ADN (los desoxiribonucleotidos) se hallan entre les moléculas más antiguas de la Tierra y el enzima responsable de su producción estaba presente en los primeros seres vivos que aparecieron en nuestro planeta hace 3.500 años. Esta enzima, denominada RNR (ribonucleotidil reductasa) es esencial para todos los organismos vivos y una diana importante para fármacos indicados contra el cáncer e infecciones tanto bacterianas como parasitarias o de origen vírico. La investigación que han llevado a cabo los investigadores del IBEC y de la Universidad de Estocolmo es clave para entender como las RNR se han desarrollado a lo largo de la evolución.

Según explica Eduard Torrents, investigador del IBEC, «descubrimos un virus en el que un ADN externo interfería en la función del gen responsable de la síntesis del RNR. Normalmente este hecho dejaría inactivo al gen pero, sorprendentemente, comprobamos que gracias a la capacidad del virus para sintetizar sus propios precursores de ADN, éste podía también recuperar por sí mismo la función que lleva a cabo esta enzima». A pesar de la inserción del gen justo en medio del centro activo de la enzima, ésta permanece activa ya que se ensamblan las dos piezas. Este hecho «demuestra la enorme plasticidad del ADN y ayuda a entender cómo se ha desarrollado la evolución desde los organismos unicelulares hasta alcanzar la enorme biodiversidad que existe actualmente», apunta Britt-Marie Sjöberg, del Departamento de Biología Molecular y Genómica Funcional de la Universidad de Estocolmo.

«Esta investigación tiene un gran interés para el estudio del origen de esta enzima, que es una de las más antiguas desde el punto de vista evolutivo y que está presente en cualquier tipo de organismo vivo en la Tierra; además, abre una vía a la posibilidad de desarrollar nuevas moléculas que puedan inhibir su función en células tumorales, infecciones parasitarias o enfermedades infecciosas», concluye Eduard Torrents, de l’IBEC.