
¡Que el colapso ferroviario no nos desanime en nuestra eco-actitud!
El transporte público y especialmente el tren tiene claros beneficios en la reducción de la huello de carbono, el aumento de la seguridad en calles y carreteras y la disminución del ruido ambiental. Es una opción clara para combatir el cambio climático.
Para maximizar los impactos positivos de la movilidad en transporte público, las administraciones y los usuarios deben trabajar conjuntamente. Actualmente, esto no es así. Las infraestructuras viarias de nuestro territorio están obsoletas y los trenes ya no son una opción fiable. La actual crisis ferroviaria es total: afecta al servicio de cercanías, de alta velocidad y de mercancías.
Ya hace semanas que el Puerto de Barcelona vive una situación de caos y se han detenido sin previsión de retomar los flujos internacionales. Un ejemplo: en el mes de enero, solo han circulado 30 trenes internacionales desde Barcelona de los 250 previstos.
La falta de trenes provoca retrasos innecesarios y malestar en los usuarios y erosiona la credibilidad de las políticas de descarbonización y la imagen internacional del país.
Aún así, no tenemos que bajar la guardia. Tenemos que ser ciudadanos conscientes y responsables en todas las actividades diarias: movilidad, compra, residuos, consumo de agua y electricidad, vacaciones, actividades en el tiempo libre…. En muchas ocasiones podemos seleccionar opciones sostenibles y poco contaminantes. El cambio climático es una realidad que se tiene que afrontar desde las políticas colectivas, pero también desde las acciones individuales y cotidianas.



